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La trampa de Gaza

TEL AVIV – La “operación Margen Protector” de Israel contra Hamás en Gaza es una típica guerra asimétrica como las que caracterizaron casi todos los conflictos de Medio Oriente en estos últimos años. En esta clase de guerras, la victoria siempre es escurridiza.

Sin importar el éxito de la superioridad militar de Israel y de sus sistemas antimisiles, y por más contundente que sea la devastación de Gaza, Hamás sobrevivirá, sin ir más lejos, porque Israel quiere que sobreviva. La alternativa (una anarquía yihadista que convierta Gaza en una Somalía palestina) es sencillamente impensable.

La arrogante retórica del líder de Hamás, Jaled Meshal, no puede ocultar el hecho de que el poder militar de su movimiento recibió un golpe devastador. Pero a menos que Israel esté dispuesto a pagar un alto precio en términos de imagen internacional para ocupar Gaza y destruir totalmente la jerarquía militar y los arsenales de Hamás, este todavía puede proclamar como victoria el hecho de haber sobrevivido a otro enérgico ataque de la colosal maquinaria militar israelí.

En los conflictos asimétricos, la potencia superior siempre tiene problemas con la definición de sus objetivos. En este caso, Israel aspira a restaurar la “calma” con la menor cantidad de bajas civiles palestinas, para minimizar las críticas internacionales. Pero es precisamente en la imposibilidad de lograr ese objetivo donde radica la derrota de la potencia superior en los conflictos asimétricos. Además, “calma” no es un objetivo estratégico, y el método de Israel para conseguirla (una guerra cada dos o tres años) tampoco es particularmente convincente.