Ronen Zvulun/AFP/Getty Images

El último padre fundador de Israel

TEL AVIV – En 2006, un año antes de que Shimon Peres fuera elegido presidente de Israel, Michael Bar-Zohar publicó la versión en hebreo de su biografía de Peres. Su título es muy adecuado: Como un fénix. En aquel momento, Peres había estado activo en la política y la vida pública de Israel por más de sesenta años.

La carrera de Peres tuvo sus altibajos. Llegó a grandes alturas y sufrió humillantes fracasos; y pasó por varias encarnaciones. Tras ser un pilar del liderazgo de la defensa nacional israelí, se convirtió en un ardiente promotor de la paz, en una relación permanente de amor‑odio con la opinión pública israelí, que lo rechazó cada vez que se presentó a elecciones para primer ministro, pero lo admiró cuando no tenía o no buscaba el poder real.

Peres nunca se dio por vencido y siguió adelante, movido por la ambición y un sentido de misión, y ayudado por sus talentos y su creatividad. Era un autodidacta, un lector voraz y un escritor prolífico; un hombre al que cada tantos años una idea nueva lo movilizaba y lo inspiraba: la nanociencia, el cerebro humano o el desarrollo económico de Medio Oriente.

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