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Siete años en Afganistán

KABUL – Hace siete años comenzamos un viaje en Afganistán, con la guerra que expulsó a los talibanes del poder. Mucho ha sido lo que se ha logrado desde entonces, para Afganistán y para el mundo.

En menos de 45 días en 2001, los afganos nos liberamos de la amenaza del terrorismo y los talibanes. En ese entonces, el pueblo de Afganistán tenía grandes esperanzas de que se le abriera de inmediato un brillante futuro. Algunas de esas esperanzas se vieron realizadas. Nuestros niños han vuelto a las escuelas. Cerca de un 85% de los afganos tienen hoy acceso a algún grado de atención de salud, en comparación con un 9% antes de 2001. La mortalidad infantil –entre las peores del mundo en 2001- bajó en un 25%. Tenemos democracia, prensa libre, logros económicos y mejor calidad de vida.

Sin embargo, lamentablemente todavía estamos luchando contra los talibanes y Al-Qaeda. ¿Qué es lo que no hemos hecho bien que nos sigue haciendo -y al resto del mundo- menos seguros?

Tras la liberación de 2001, la comunidad internacional se concentró sólo en Afganistán como el lugar donde combatir el extremismo y el terrorismo, mientras que los afganos argumentamos que no era el lugar correcto para luchar. La guerra contra el terrorismo no se puede llevar a cabo en las aldeas afganas; en lugar de ello, se necesita un enfoque regional que se debe centrar en los bastiones de quienes entrenan, equipan y motivan a los extremistas y los envían a atacarnos.