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El Separatismo y el Futuro de Rusia

MOSCÚ: La "autodeterminación" ha dominado por dos siglos las políticas aplicadas a nivel internacional. En la postguerra, los marxistas eran quienes más abogaban a favor de esta teoría, insistiendo en incluirla en el Acta de la Organización de las Naciones Unidas. Ese voto de legitimidad para las aspiraciones nacionalistas de personas subordinadas ayudó a eliminar el colonialismo. Sin embargo, ¿debemos seguir aplicando este principio de "autodeterminación" en el mundo actual?

Imaginemos el caos que habría si se permitiera que las ideas separatistas continuaran sin control en un mundo en donde alrededor de dos mil grupos étnicos coexisten en más de 150 países. En la actualidad, en efecto, el separatismo no es un problema que atañe únicamente a Estados y sociedades individuales, sino a la totalidad de la comunidad global.

Claro está que si todas las facciones de un país aceptan la separación, la comunidad mundial no debe resistirse a la creación de una nueva nación. Pero cuando una de las partes no está de acuerdo con la división, el separatismo se vuelve ilegítimo. De tal forma, la comunidad mundial debe oponerse a los esfuerzos unilaterales de separación porque ahora el separatismo es mucho más peligroso que en la era postcolonialista, debido a dos males gemelos: el terrorismo internacional y el extremismo religioso.

Cuando digo que el extremismo religioso es un peligro, no lo estoy equiparando con el fundamentalismo religioso. El fundamentalismo se volvió atractivo para los musulmanes de la antigua Unión Soviética porque eran víctimas de la opresión. No podían construír mesquitas ni proclamar su fe públicamente. Atenerse a un esquema fundamentalista del Islam fue una respuesta perfectamente natural.