Balthus painting 'Thérèse revant'  Brill/ullstein bild via Getty Images

El moralismo y las artes

NUEVA YORK – Chuck Close es un artista norteamericano, famoso por pintar grandes retratos. Víctima de una parálisis severa, Close está confinado a una silla de ruedas. Ex modelos lo han acusado de pedirles que se desvistieran y de utilizar lenguaje sexual que las hacía sentir acosadas. Este comportamiento llevó a la National Gallery en Washington a cancelar una muestra planeada de la obra de Close. Y la Universidad de Seattle ha retirado un autorretrato del artista de un edificio de la universidad.

Si fuéramos a retirar todo el arte de los museos o galerías porque desaprobamos el comportamiento del artista, grandes colecciones pronto quedarían seriamente reducidas. Rembrandt maltrataba cruelmente a su amante, Picasso era brutal con sus esposas, Caravaggio miraba con lujuria a los muchachos jóvenes y fue un asesino. Y estos son algunos ejemplos.

¿Y qué decir de la literatura? Céline era un antisemita feroz. Williams S. Burroughs le disparó a su esposa turbado por la embriaguez y Norman Mailer acuchilló a la suya. ¿Y los directores de cine? Dejemos de lado el lenguaje sexualmente inapropiado: Erich von Stroheim filmaba orgías masivas para su propio placer personal. A Charlie Chaplin le gustaban las mujeres muy jóvenes. Y después está Woody Allen, acusado pero nunca inculpado de abusar de su hija adoptiva de siete años.

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