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La promoción de Estados Unidos

Hace un año, la entonces Consejera de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, Condoleezza Rice, anunció que "estamos enfrascados en una guerra de ideas principalmente, no de ejércitos". Tenía razón, pero es una guerra que los EU están perdiendo porque Al-Qaeda constantemente les gana las jugadas.

Los crecientes sentimientos antiestadounidenses en todo el mundo amenazan con privar a los EU del poder blando o atractivo que necesitan para tener éxito en la lucha contra el terrorismo. Como lo ha demostrado Iraq, el poder militar duro no puede por sí solo dar una solución. En encuesta tras encuesta se confirma que el poder blando de los Estados Unidos ha decaído, sobre todo en el mundo islámico. Incluso en países supuestamente amigos como Jordania y Pakistán más personas dicen confiar en Osama Bin Laden que en George Bush.

La información es poder y hoy en día una parte mucho mayor de la población mundial tiene acceso a ella. Ya pasaron los tiempos en que los funcionarios del servicio exterior de los EU iban en jeeps a las regiones remotas del Tercer Mundo a proyectar películas en carretes a los pobladores aislados. Los avances tecnológicos han conducido a una explosión de la información y las audiencias se han hecho más conscientes de la propaganda. El mundo está inundado de información, a veces exacta, a veces engañosa.

Como resultado, la política se ha convertido en un concurso de credibilidad. Mientras que el mundo de la política de poder tradicional se define por quién tiene el ejército o la economía victoriosos, la política en la edad de la información tiene que ver con quién tiene la versión triunfadora. Los gobiernos compiten entre sí y con otras organizaciones para mejorar su credibilidad y debilitar la de sus adversarios. Desgraciadamente el gobierno de los EU no ha aguantado el paso.