Varietés mundiales de reguladores financieros

PARÍS – En las fases tempranas de la crisis financiera estaba de moda sostener que el sistema regulatorio estadounidense necesitaba una revisión estructural fundamental. Las diferencias de opinión entre la Comisión de Bolsa y Valores de los Estados Unidos (SEC) y la Comisión de Comercio en Futuros sobre Mercancías de los Estados Unidos (CFTC) habían obstruido la supervisión eficaz de los bancos de inversión y las operaciones con derivados (solo EE. UU. cree que tiene sentido regular en forma separada los valores y los derivados).

De hecho, la plétora de reguladores bancarios separados había creado oportunidades para que los bancos arbitrasen en el sistema en busca de un enfoque más indulgente para el capital. De igual manera, la falta de un regulador federal de los seguros dejó a AIG bajo la regulación de Oficina de Supervisión de Entidades de Ahorro y Préstamo (OTS) y el Departamento de Seguros del estado de Nueva York, algo que probó ser completamente inadecuado.

Esas discusiones produjeron poco. La ley Dodd-Frank tuvo éxito en sacrificar a la OTS para evitarle más dolores, pero celosos comités de supervisión del Congreso evitaron una fusión de la SEC y la CFTC, y nada se hizo para racionalizar la supervisión bancaria. Por lo tanto, el sistema estadounidense guarda sorprendentes semejanzas con uno que haya hecho colectivamente la vista gorda ante el aumento de las tensiones fatales de principios de la década de 2000.

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