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La ciencia y el significado de la vida

La mayoría de las religiones abrazan y promueven ciertas nociones acerca del significado de la vida, ofreciendo las verdaderas razones de nuestra existencia y de la de todos los demás organismos. De hecho, quizás la definición fundamental de la fe religiosa es la creencia de que la vida sirve un propósito o designio (divino). Sin embargo, la ciencia siempre ha respondido con un sonoro "no" a la pregunta "¿Tiene la vida un significado trascendente?"

Al menos hasta ahora.

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En una serie de conferencias y en un libro de próxima aparición, los escritores científicos Eric Schneider y Dorion Sagan argumentan que, incluso desde una perspectiva científica, la vida sí sirve un propósito y por ende tiene un significado que la trasciende. Llegaron a esta conclusión al tratar de resolver una contradicción que por largo tiempo ha entrampado a quienes estudian tanto la biología como la física.

Es obvio que los organismos vivientes encarnan una organización de la materia en estructuras complejas. Transforman sustancias químicas y, de manera ordenada, las transportan y almacenan de maneras que tienen una finalidad. Por sobre el nivel de los organismos individuales, forman sociedades y ecosistemas. Todos estamos familiarizados con estas nociones biológicas fundamentales, y todos somos parte de estos procesos. "Orden" parece ser el nombre del juego biológico, y la evolución se orienta hacia organismos más complejos y estructuras más organizadas.

Por supuesto, esto está en conflicto con uno de los principios fundamentales de la física: la segunda ley de la termodinámica, que sostiene que la entropía (la degradación de toda la materia y la energía del universo hasta llegar a un estado último de uniformidad inerte) aumenta como resultado de todos y cada uno de los procesos. Mientras más se desarrolla el mundo, más desorden habrá. La física incluso acepta la idea de que la entropía define la dirección del tiempo. Al final, todo se disgregará y distribuirá al azar.

¿Cómo concilian Schneider y Sagan la contradicción entre lo que parece una verdad de la vida (el hecho de que ésta organiza la materia para formar criaturas y estructuras cada vez más complejas) y la noción de que el desorden debería aumentar y el orden, desaparecer? Lo que es igual de importante, ¿cómo puede la ciencia ver un significado en la conciliación de esa aparente contradicción?

El punto básico es que la segunda ley de la termodinámica rige y que la existencia de la vida ayuda a aumentar la entropía. En otras palabras, la vida promueve el desorden. Algunos podrían pensar que esto podría ser cierto sólo si el fin lógico de la evolución y la vida inteligente fuera una explosión nuclear que pulverizara la Tierra. Pero no es eso a lo que se refieren Schneider y Sagan. En lugar de ello, hacen una distinción entre materia y energía y dicen que la materia organizada en estructuras disemina gradientes de energía de un modo más rápido que la materia distribuida al azar.

Como ejemplo, plantean un fenómeno bien conocido por los bebedores de cerveza. Si se quiere vaciar una botella de agua (o cerveza) dándola vuelta, el agua saldrá de a borbotones desiguales. Si se gira la botella y se crea un remolino en su interior, el agua fluirá de manera mucho más rápida y continua. El remolino en la botella es una estructura en el agua. El agua derramándose es materia que pierde su energía potencial. La estructura acelera la diseminación de la gradiente de energía.

De modo similar, en un día caluroso el aire de un bosque es más fresco que el que pueda haber sobre tierras desnudas adyacentes, gracias a la evaporación y transpiración de los árboles. La gradiente de energía, en este caso la del calor, se disemina de manera más efectiva mediante la estructura del bosque y la vida que alberga.

Mientras más compleja es la estructura, más eficaz es la diseminación de la energía. Las poblaciones son mejores en este sentido que los individuos aislados; los ecosistemas incluso más y las más eficaces de todas son, con mucho, las sociedades humanas altamente tecnologizadas.

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Por lo tanto, plantea el argumento, la segunda ley de la termodinámica no es contraria a la existencia de la vida. Más bien es la causa de ella. Esa ley lleva la evolución a mayores niveles de complejidad y a sociedades y tecnologías más sofisticadas, con el solo fin de diseminar gradientes de energía.

De manera que la vida, al fin, tiene un significado mayor a los ojos de la ciencia, a pesar de que cumplir la segunda ley de la termodinámica no es exactamente lo que los creyentes religiosos tenían en mente.