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Atontados de miedo sobre el calentamiento global

La continua presentación de historias espeluznantes sobre el calentamiento global en los medios populares nos atemoriza innecesariamente. Peor aún, aterroriza a nuestros hijos.

Al Gore célebremente describió de qué manera un incremento del nivel del mar de 20 pies (6 metros) inundaría casi por completo a Florida, Nueva York, Holanda, Bangladesh y Shanghai, aunque las Naciones Unidas estiman que los niveles del mar aumentarán 20 veces menos que eso, y no tendrán esas consecuencias.

Frente a estas exageraciones, algunos de nosotros decimos que son por una buena causa, y seguramente no se hace mal a nadie si el resultado es que nos concentremos aún más en enfrentar el cambio climático. Un argumento similar se utilizó cuando la administración de George W. Bush sobreestimó la amenaza terrorista del Irak de Saddam Hussein.

Pero este argumento es asombrosamente erróneo. Estas exageraciones causan mucho daño. Preocuparse excesivamente por el calentamiento global implica preocuparse menos por otras cuestiones, en las que el bien que haríamos podría ser mucho mayor. Nos concentramos, por ejemplo, en el impacto del calentamiento global en la malaria -que significará poner en riesgo a una cantidad mínimamente mayor de personas en 100 años- en lugar de ocuparnos de los 500 millones de personas que sufren de malaria hoy con políticas de prevención y tratamiento que son mucho más económicas y decididamente más efectivas de lo que sería la reducción de las emisiones de carbono.