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Escasez en época de abundancia

NUEVA YORK – En todo el mundo aumenta el número de protestas por el alza de los precios de los alimentos y los combustibles. Los pobres, e incluso las clases medias, ven que sus presupuestos se hacen insuficientes a medida que la economía mundial se desacelera. Los políticos desean responder a las legítimas inquietudes de sus votantes, pero no saben qué hacer.

En los Estados Unidos, tanto Hillary Clinton como John McCain tomaron el camino fácil y apoyaron una suspensión del impuesto a la gasolina, al menos por el verano. Sólo Barack Obama se mantuvo firme y rechazó la propuesta, que no habría hecho más que aumentar la demanda de gasolina, lo cual contrarrestaría el recorte de impuestos.

Sin embargo, si Clinton y McCain estaban errados, ¿qué habría que hacer? Uno no puede sencillamente hacer oídos sordos a quienes sufren. En los Estados Unidos, los ingresos reales de la clase media todavía no se recuperan a los niveles que tenían antes de la última recesión, en 1991.

Cuando George Bush fue electo, afirmaba que los recortes de impuestos a los ricos solucionarían todos los problemas de la economía. Los beneficios del crecimiento económico impulsado por ellos se propagarían a todos los niveles. Estas políticas se han puesto de moda en Europa y otros lugares, pero han fracasado. Se suponía que los recortes de impuestos estimularían el ahorro, pero los ahorros de los hogares de Estados Unidos se han desplomado a cero. Se suponía que iban a estimular el empleo, pero la participación de la fuerza de trabajo es menor que en los años 90. Si hubo crecimiento, benefició sólo a unos cuantos privilegiados.