velasco96_Edilzon GamezGetty Images_venezuela hunger Edilzon Gamez/Getty Images

Salvar a Venezuela

SANTIAGO – Venezuela sigue cayendo en picada. El país, dueño de las mayores reservas de petróleo del mundo y en algún momento el más rico de América Latina, hoy día se encuentra devastado y sufriendo un colapso económico total. Su PIB se ha desplomado el 54% desde el máximo alcanzado en 2013, la segunda mayor caída que registra la historia moderna, según el Instituto de Finanzas Internacionales.

Con una asombrosa inflación que llegará al 10.000.000% en el año en curso, de acuerdo al Fondo Monetario Internacional, y con un salario mínimo mensual por debajo de US$3, un gran porcentaje de la población se encuentra en la extrema pobreza. Alrededor de cuatro millones de personas están malnutridas, y algunas han muerto de desnutrición. Han resurgido enfermedades evitables con vacunas, o cuya causa es el agua sucia, como la fiebre tifoidea y la hepatitis A. Los hospitales, carentes de medicinas, personal y equipos, se han vuelto disfuncionales, lo que ocasiona aún más muertes.

La culpa recae plenamente en las desastrosas políticas económicas, la corrupción y el favoritismo del presidente Nicolás Maduro y su predecesor Hugo Chávez. El régimen atribuye esta espantosa situación a las sanciones internacionales, pero el deterioro económico de Venezuela comenzó mucho antes. Las confiscaciones arbitrarias (al igual que la delincuencia y la violencia en las calles) son una amenaza constante, un conjunto bizantino de controles administrativos ha vuelto inútil al sistema de precios, y no hay divisas para importar los repuestos necesarios para hacer funcionar los camiones y la maquinaria industrial. En este ambiente, las empresas no pueden prosperar y la economía no puede crecer.

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