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Bombardear en aras de la moralidad

NUEVA YORK – La facilidad de palabra es uno de los mayores atributos del presidente estadounidense, Barack Obama. Aunque ahora parece como si las palabras lo traicionaran.

Como en el mes de marzo declaró que los Estados Unidos “no tolerarían el uso de armas químicas contra el pueblo sirio” y el año pasado habló de una “línea roja” que no había que cruzar, se desprestigiará si no logra reaccionar enérgicamente al asesinato con gas sarín de más de 1000 civiles cometido presumiblemente por el régimen sirio. Por supuesto, el riesgo de desprestigiarse no es una buena razón para atacar a otro país.

Sin embargo, ¿por qué Obama se acorraló él solo con esa retórica desde un principio? ¿Por qué esta línea roja en particular? El secretario de Estado, John Kerry, tuvo razón en decir que el uso del gas era “una obscenidad moral.” ¿No se puede decir lo mismo de la tortura de niños, que de hecho es el motivo que  propició la guerra civil siria hace más de dos años? ¿O acaso el asesinato de civiles con agentes químicos es moralmente más obsceno que bombardearlos, dispararles o dejarlos morir de hambre?

Al menos desde que se uso el gas mostaza en la Primera Guerra Mundial se ha pensado comúnmente que determinadas armas son más inmorales que otras. Sin duda, las armas de destrucción masiva, las bombas nucleares en particular, causan daños más rápidamente que los armamentos convencionales. No obstante, ¿realmente hay una clara distinción moral entre asesinar alrededor de 100,000 personas en Hiroshima con una bomba atómica y matar un número mayor de personas en Tokio en una sola noche con bombas incendiarias? ¿Fue más inmoral matar judíos en las cámaras de gas que ejecutarlos con fuego de ametralladora y tirarlos en zanjas abiertas?