Arabia Saudita y la Primavera árabe

PRINCETON - Arabia Saudita se percibe ampliamente como el país que encabeza la contrarrevolución frente a los levantamientos de la primavera árabe. En realidad, la respuesta del Reino se centra, como su política exterior e interior lo ha hecho durante mucho tiempo, en la "estabilidad". Los saudíes no quieren que las fuerzas antisaudíes, como sus enemigos de Irán y Al Qaeda, aumenten su influencia en Oriente Próximo.

Algunos de los viejos líderes saudíes han vivido antes esta situación. Las revoluciones nacionalistas de los años 50 y 60, inspiradas y representadas por el egipcio Gamal Nasser de Egipto, casi derribaron la Casa de Saud. Sin embargo, los príncipes saudíes de hoy parecen reconocer que algo realmente ha cambiado en Oriente Próximo: la generación más joven de árabes ya no está dispuesta a aceptar gobiernos irresponsables, corruptos y brutales.

Arabia Saudita, que se ha autoproclamado baluarte del conservadurismo islámico, donde la democracia popular nunca se ha considerado una forma legítima de gobierno, ha pasado a la ofensiva en algunas áreas más que en otras. En el plano interno, la familia real golpeó rápidamente, prohibiendo las manifestaciones públicas y los actos de desobediencia civil. La interpretación tradicional que del Islam hace el Reino deriva la legitimidad política de la correcta aplicación de la ley islámica por parte de los gobernantes. A cambio, sus súbditos le deben obediencia dentro del marco de la ley religiosa islámica.

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