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El viejo régimen saudita, cada vez más viejo

LONDRES – El contraste entre las muertes, con dos días de separación, del Coronel Muamar el Gadafi en Libia y del príncipe heredero de la corona saudita, Sultán bin Abdelaziz, es un contraste entre bufonería terminal y gerontocracia decadente. Es probable que el deceso de ambos lleve a resultados muy diferentes: liberación para los libios y estancamiento para los sauditas.

Pero la muerte de Sultán, a los 86 años, marca el comienzo de un período crítico de incertidumbre para el reino, tanto dentro como fuera del país. Después de todo, el medio hermano de Sultán, el rey Abdalá [Abdullah], de 87 años, sigue hospitalizado en Riad, después de una cirugía mayor que le practicaron el mes pasado. El régimen está viejo y enfermo, y a ojos de la población, parece estar en terapia intensiva.

Entretanto, la sucesión todavía está en discusión. Con la muerte de Sultán, es la primera vez que se posterga el entierro de un miembro de la realeza saudita para que la familia gobernante tenga tiempo de decidir sobre su heredero, lo cual es signo de disenso interno (y de que hay acuerdo respecto de la continuidad de la dinastía).

La estabilidad del régimen saudita depende ahora de su capacidad para mantenerse unido y establecer un sistema de sucesión claro. Con la muerte del príncipe heredero, la posibilidad de un cisma es una amenaza considerable para la estabilidad del reino (y de las exportaciones de petróleo), porque la familia gobernante, los Saud, se ha inflado hasta alcanzar los 22.000 miembros, y esto ha dado lugar a enfrentamientos facciosos entre los cada vez más numerosos pretendientes del poder.