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La Société Générale y la miopía de Sarkozy

El gobierno francés debería estar honrando al gobernador del Banco de Francia, Christian Noyer, por haber salvado a la Société Générale de la bancarrota segura durante el actual escándalo del corredor descontrolado, y no estarlo criticando, como lo han hecho algunos altos funcionarios. En los círculos bancarios es sabido que "en boca cerrada no entran moscas". Pero si las cosas hubieran sucedido como el equipo del Presidente Nicolas Sarkozy en el Palacio del Eliseo hubiera deseado, Noyer  habría informado inmediatamente al gobierno de los problemas de la Société Générale.

Si eso hubiera pasado, habría habido un riesgo inaceptable de que la noticia se filtrara a los especuladores antes de que la Société Générale tuviera tiempo de liquidar las enormes posiciones accionarias que Jerome Kerviel había acumulado, supuestamente sin que el banco lo supiera. Las pérdidas para la Société Générale podrían haber sido muy superiores a los 5 mil millones de euros que ha informado que perdió.

Los especuladores podrían haberse adelantado al banco en los mercados, vender en corto, hacer que los precios de las acciones se desplomaran y obligar a la institución financiera francesa a vender en condiciones muy desfavorables. ¿Acaso lo que el gobierno francés quería en el caso de la Société Générale era una bancarrota obligada en un mercado financiero global extremadamente frágil? ¿Cómo puede el Presidente Sarkozy, quien ha atacado continuamente a los especuladores financieros, cuestionar al hombre que los bloqueó justamente porque supo mantener la boca cerrada en una crisis?

Claro que los banqueros centrales no son los personajes favoritos de Sarkozy. Según Laurent Dubois, un profesor de ciencias políticas de la Sorbona de París, tal vez Noyer pagará los platos rotos de las batallas de Sarkozy con el Banco Central Europeo. A Sarkozy “le disgusta la independencia de los bancos centrales” y Noyer podría convertirse en “chivo expiatorio”.