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Sarkozy en el ocaso

PARÍS – Y el próximo Presidente será… el candidato del Partido Socialista, François Hollande. Hace un mes, cualquier predicción formulada con semejante certeza habría parecido imprudente, si no absurda. Predomínaba la incertidumbre. Cuatro candidatos dominaban la competición y nadie se habría atrevido a predecir qué par de ellos pasaría al desempate de la segunda vuelta. De hecho, la carrera parecía más abierta que ninguna de las de memoria reciente.

De repente algo ocurrió: no un acontecimiento en sí mismo (si bien comenzó con la primera gran concentración pública de Hollande a mediados de enero), sino algo que puede parecer un proceso irresistible y que se puede resumir así: una mayoría de los franceses quieren castigar a un Presidente que ha dejado de caerles en gracia.

Podrían no haberse atrevido a hacerlo, si no hubieran encontrado una opción substitutiva bastante creíble. Al parecer más sólido y decidido de lo que la mayoría de los franceses pensaban, ha brindado una voz (y una cara) a un deseo generalizado de rechazar al presidente saliente, Nicolas Sarkozy.

Con esto no quiero decir que Hollande sea carismático. Al contrario, aún persisten dudas sobre su seriedad, por no hablar de las profundas preocupaciones por el realismo o la sensatez de su programa, pero, a diferencia de su antigua compañera, Ségolène Royal, que disputó a Sarkozy la presidencia en 2007, parece “real”.