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Sarkozy, carpe diem!

El triunfo de Nicolas Sarkozy en las elecciones presidenciales celebradas en mayo y ahora la victoria de su partido, la UMP, en las elecciones legislativas, ha brindado la oportunidad más favorable en decenios para una profunda reforma estructural en Francia. No sólo ganó Sarkozy la presidencia con el 53 por ciento de los votos, sino que, además, su índice de aprobación ha subido luego vertiginosamente hasta el 62 por ciento, después de que formara un gobierno no excluyente con destacados miembros de la oposición.

En la primera vuelta de las elecciones legislativas, la UMP consiguió un 40 por ciento del voto, que no tiene precedentes. Si bien los votantes denegaron a la UMP una victoria arrolladora en la segunda vuelta, el partido gobernante, gracias a su triunfo global, ha conservado su mayoría legislativa por primera vez en 29 años.

En los días siguientes a su elección, Sarkozy devolvió Francia "a Europa", al revigorizar la asociación francoalemana y dar un apoyo decisivo a la campaña de la canciller alemana Angela Merkel para reactivar el proyecto de tratado constitucional de la UE. Demostró pragmatismo al no vetar las negociaciones en marcha sobre la adhesión de Turquía a la UE, con lo que ha evitado una confrontación innecesaria con Gran Bretaña y España, sin por ello dejar de mantener su oposición, ya de antiguo, al ingreso de ese país como miembro de pleno derecho. Asimismo, el discreto silencio de su gobierno tras el último aumento del tipo de interés por parte del Banco Central Europeo constituye un reconocimiento elocuente de la independencia de éste.

Pero, ¿cómo responderán Sarkozy y su gobierno a los imperativos internos de Francia? Con un crecimiento anémico, el desempleo estancado entre el 9 y el 10 por ciento durante más de 20 años y unos guetos de inmigrantes que oscilan entre la anarquía y la desesperación, Francia es en verdad uno de los enfermos de Europa. Mientras que la adaptación a la implacable competición internacional y el rápido cambio tecnológico requiere flexibilidad y responsabilidad individual, la actitud predominante en Francia sigue siendo la de la asistencia y los derechos adquiridos.