Por fin, Sarko contra Sego

La sorpresa en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas ha sido la de que no ha habido sorpresa, exceptuado el enorme porcentaje de votantes. Los dos dirigentes de la derecha y de la izquierda, los favoritos en todas las encuestas durante mucho tiempo, han quedado primero y segundo.

De la primera vuelta han resultado cuatro vencedores y un claro perdedor. El primer vencedor ha sido la democracia. Por primera vez en lo que llevo de vida, cuando fui a votar con mis hijos el domingo –en una pacífica celebración de esa religión secular que es la democracia, cuando funciona bien-, tuve que esperar en una cola pacientemente durante un rato relativamente largo. Es que el 85 por ciento del electorado fue a votar, el nivel más alto de participación en las elecciones presidenciales en Francia desde que Charles de Gaulle fue candidato a Presidente por última vez en 1965.

La lección de la primera votación de 2002, en la que hubo un alto nivel de abstención y la sorprendente eliminación del socialista Lionel Jospin, explica en parte esa movilización. Además, con la aparición de una nueva generación de dirigentes políticos, los franceses, a los que se consideraba cínicos con la política, parecen haber recuperado su excepcional pasión por ella.

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