Los gays y la nueva filosofía pública

LONDRES – Al haber dejado de ser una preocupación primordial la supervivencia colectiva en la que había estado centrada la Humanidad durante milenios, algunas sociedades afortunadas de Occidente se han interesado por asuntos relativos a los derechos humanos o individuales. En los últimos decenios, hemos experimentado un florecimiento del individualismo asociado con pensadores del siglo XIX como John Stuart Mill.

Los horrores de la primera mitad del siglo XX mantuvieron en segundo plano los derechos del individuo, pero desde el decenio de 1960 las pasiones hasta entonces dedicadas a corregir los males colectivos se han encauzado cada vez más a garantizar los derechos de los seres humanos como individuos. De hecho, si hoy en día se puede decir que Occidente tiene una filosofía pública, se trata de una filosofía de los derechos humanos.

Un ejemplo pequeño, pero significativo, de ello es el reciente debate celebrado en el Parlamento del Reino Unido sobre un proyecto de ley en el que se reconoce el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo, que sigue a la decisión adoptada en Francia esta primavera de legalizar dicho matrimonio. De hecho, el Reino Unido va rezagado en cierto modo: trece países permiten ya el matrimonio de los gays y recientemente el actual Tribunal Supremo de los Estados Unidos, habitualmente conservador, ha revocado la “Ley de Defensa del Matrimonio”, aprobada en 1996 explícítamente para prohibir los matrimonios gays, y una ley que prohibía el matrimonio gay en California.

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