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La esperanza kurda de Siria

QAMISHLI, SIRIA – La guerra civil que hoy envuelve a Siria surgió del deseo de su pueblo de un cambio político. Pero la guerra no es universal: desde el estallido de las protestas en 2011 contra el régimen del presidente Bashar al-Assad -y mucho antes-, un grupo de sirios, la comunidad kurda, permanentemente buscó un cambio pacífico y un respeto por los derechos de todos.

Para los kurdos de Siria, la lucha contra más de cuatro décadas de dictadura baathista de la familia Assad se tornó especialmente difícil después de 2004, cuando las fuerzas de seguridad asesinaron a decenas de manifestantes desarmados en la ciudad de Qamishli, al noreste del país. Esto encendió la llama de la reforma democrática, y nos sentimos motivados al saber que nuestros familiares habían ganado una autonomía política en el norte de Irak y estaban creando una democracia vibrante.

Cuando estallaron las protestas en toda Siria en 2011, los kurdos estaban a la vanguardia. Desafortunadamente, combatientes extranjeros del mundo árabe y musulmán pronto se sumaron a la lucha, algunos en respaldo del régimen y otros, de los rebeldes. Para los kurdos, la ampliación del conflicto significó que, además de luchar contra una dictadura brutal, ahora eran confrontados por militantes de Al Qaeda interesados en establecer un emirato islámico en Oriente Medio.

Los kurdos nunca pretendimos alcanzar objetivos democráticos a través de la violencia. No queríamos una revolución que masacrara niños, alejara a las familias de sus hogares y dejara a millones de personas en la indigencia. Tomamos las armas sólo para protegernos, a nosotros y a nuestra propiedad, de una amenaza islamista extrema inmediata que no toleraba el disenso.