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El viaje de Sadat, 30 años después

TOLEDO – Si “un hombre de coraje hace una mayoría”, como dijo Andrew Jackson, hace 30 años, en noviembre de 1977, el presidente egipcio Anwar Sadat era este tipo de hombre. Su propuesta de paz a Israel conmocionó a Oriente Medio. Había llegado, como él mismo lo dijo, “al fin de la Tierra” (la Knesset en Jerusalén), y al hacerlo transformó la política de la región más allá de todo reconocimiento.

A partir de ese momento, el interrogante para los árabes ya no era cómo destruir a Israel, sino cómo llegar a adaptarse a él. En su salto dramático al futuro, Sadat les enseñó a los líderes árabes las realidades de un mundo cambiante.

Porque la propuesta de paz de Sadat nació de un análisis estratégico sensato del equilibrio de poder regional. Le resultaba claro que Israel era una potencia nuclear que, en octubre de 1973, había demostrado una vez más que era invencible en una guerra convencional –una guerra que el propio Sadat nunca había pensado ganar cuando la proclamó.

Guiado por la máxima de Clausewitz de que la guerra es una continuación de la política por otros medios, Sadat había enviado al ejército egipcio a cruzar el Canal de Suez para iniciar un proceso de paz. Fue derrotado militarmente, pero su decisión de ir a Jerusalén significó su triunfo político.