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La lluvia en el desfile de Rusia

WASHINGTON, DC – Cuando el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, presida, el 9 de mayo, el desfile militar en la conmemoración del Día de la Victoria en Europa, no atraerá a la multitud que habría podido esperar hace unos años. Ni el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ni dirigente alguno de la Unión Europea estarán presentes para contemplar el paso de los tanques y las bandas militares por la Plaza Roja. Aparte del Presidente de Servia, los únicos dirigentes que, según se espera, asistirán son  países que, como China y Vietnam, no intervinieron en el escenario europeo durante la segunda guerra mundial.

Tras la anexión de Crimea por parte de Rusia y dado el apoyo continuo de Putin a los secesionistas en la Ucrania oriental, las relaciones entre Rusia y Occidente nunca habían sido tan malas desde que la Unión Soviética se desintegró hace casi un cuarto de siglo. Recientemente, Obama consideró la agresión rusa en Europa, junto con el ébola y el Estado Islámico, una de las tres amenazas principales para la seguridad nacional de los EE.UU. Putin respondió afirmando que los EE.UU. crearon el Estado Islámico y apoyan a los “neonazis” de Ucrania y de todo el mundo.

La tensión diplomática es irónica, porque el objeto del desfile de Moscú es el de conmemorar una victoria posibilitada hace siete decenios por la alianza de los Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética contra la Alemania nazi. Hoy los antiguos aliados no pueden colaborar, ni siquiera al afrontar a un enemigo común como el Estado Islámico.

En las conmemoraciones anteriores, a las que asistieron los presidentes de los EE.UU. Bill Clinton y George W. Bush, se subrayó el empeño común. Este año, los medios de comunicación rusos no han cesado de quitar importancia a las contribuciones americana y británica a la derrota de las potencias del Eje. El pacto nazi-soviético, con el que la Unión Soviética y Alemania se repartieron Polonia y Rumania, ha quedado barrido bajo la alfombra.