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La guerra en un mundo donde nada importa

LIUBLIANA – Los así llamados oligarcas en Rusia y otros países excomunistas son una contrapartida burguesa de lo que Marx llamó lumpenproletariat: un colectivo impensante, susceptible de manipulación política porque sus miembros no tienen conciencia de clase o potencial revolucionario propio. Pero a diferencia del proletariado, la lumpenburguesía surgida en estos países a fines de los ochenta controla el capital (a montones), gracias a una «privatización» salvaje de bienes estatales.

Un buen ejemplo es Rok Snežič, colaborador y amigo del primer ministro de derecha de Eslovenia, Janez Janša. Como «asesor tributarista independiente», Snežič ayuda a empresas eslovenas a redomiciliarse en la Republika Srpska (la parte serbia de Bosnia y Herzegovina, donde la tributación es más laxa). Aparenta no tener posesiones privadas, y canceló sus deudas impositivas declarándose en bancarrota.

Aun así, Snežič se pasea en autos de lujo nuevos y tiene medios para costear inmensos carteles publicitarios. Oficialmente es empleado de una empresa de su esposa, donde recibe un salario mensual de 37 362 euros (40 346 dólares) en efectivo.

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