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Putin sobre hielo

VIENA – Las temperaturas globales están en aumento, pero los conflictos congelados de la ex Unión Soviética no dan señales de querer derretirse. Por el contrario, el hielo se está expandiendo.

El respaldo por parte de Rusia de la elección llevada a cabo por los separatistas en Donetsk y Luhansk -ciudades clave en la región Donbas de Ucrania- indica que el Kremlin ha decidido crear otra "mini Guerra Fría" semipermanente, esta vez en zonas controladas por los rebeldes del país vecino más importante de Rusia. Pero hacerle el vacío al gobierno legítimo de Ucrania en la región es potencialmente mucho más desestabilizador que el respaldo que el Kremlin les pueda dar a los otros territorios ex soviéticos separatistas: Transnistria de Moldova y las regiones georgianas de Abjasia y Osetia del Sur.

Al desdibujar su frontera con Ucrania, Rusia está creando una nueva relación con una entidad anómala e internacionalmente irreconocible que pertenece, cultural e históricamente, no a la imaginaria "Novorossiya" (Nueva Rusia) proclamada por los separatistas, sino a la Unión Soviética "no muerta". El interrogante es por qué el presidente ruso, Vladimir Putin, y su entorno ven el conflicto congelado en Donbas, creado para impedir un acuerdo político o una paz duradera, como un desenlace positivo para su país.

En el marco de sus fronteras actuales, Donetsk y Luhansk tienen una importancia geoestratégica insignificante para Rusia. Es más, una Donbas independiente le impondría costos sustanciales a Rusia, que supuestamente se vería obligada a reconstruir y sostener una economía privada de cualquier otra inversión extranjera.