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El problema con el régimen actual de sanciones a Rusia

CAMBRIDGE – Han pasado cinco meses desde que Europa y Estados Unidos impusieron fuertes sanciones económicas y financieras a Rusia, un país del G20 que antes de su invasión a Ucrania era la undécima economía del mundo; y en los meses que siguieron, esas sanciones se fueron endureciendo. Sin embargo, se debate intensamente su eficacia, las repercusiones generales de la guerra en los mercados y la economía mundial, y las próximas medidas que debería tomar Occidente.

Respecto de la primera cuestión, las sanciones no fueron tan eficaces como esperaban Europa y Estados Unidos, pero generan a Rusia costos mayores que los que admite el Kremlin. El banco central ruso prevé para este año una contracción del PIB de entre 8 y 10%; otros analistas calculan que la caída será mayor, y que el efecto sobre el potencial de crecimiento será duradero. Las importaciones y exportaciones han sido muy afectadas, y el flujo de inversión extranjera está prácticamente detenido. Se multiplican faltantes, que presionan al alza sobre la inflación. El país ya no tiene un mercado cambiario en funcionamiento.

Las sanciones habrían sido mucho más efectivas si Occidente no hubiera exceptuado al sector energético ruso y si muchos más países las hubieran acompañado. Como eso no sucedió, la presión sobre Rusia ha sido menor. Además, pudo seguir comerciando a través de una variedad de canales paralelos y extraoficiales, que adquirirán más importancia mientras se mantenga el diseño actual del régimen de sanciones.

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