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La guerra de la televisión en Rusia

La salida del aire de TV-6 representó un triste día para la Rusia de Vladimir Putin. Este suceso no sólo dañó la causa de la libertad de expresión, sino que el Estado de derecho recibió una profunda herida y el presidente Putin desperdició la buena voluntad de las mismas personas que él quiere emular en Occidente.

El cierre de TV-6 refleja de muchas formas lo que ha salido mal en Rusia desde 1991. Mucha gente comparte la culpa de los errores que han sucedido desde la caída del comunismo. En efecto, el tipo de personajes involucrados en el cierre de TV-6 han estado con nosotros desde entonces. La avaricia, el poder, los puestos y los egos han acosado a los medios electrónicos como a todo lo demás en la era poscomunista. Los cierres con mano dura de NTV y TV-6 son sólo dos de los mejores ejemplos del salto a la normalidad de este país, y ambos revelan el enfoque selectivo de Putin para la reestructuración de Rusia.

Sin embargo, las emociones sobre este suceso son más evidentes que los pensamientos razonados. La idea de ''libertad de expresión'' en verdad ha sufrido un retroceso, pero no se está preparando un regreso al control de los pensamientos de la era soviética. Tanto el gobierno de Rusia como su mercado de ideas siguen descubriendo lo que en realidad significa una prensa libre.

Hay quienes piensan en el gobierno que una ''prensa libre'' sólo debe respaldar y adular a la élite en el poder. Algunos ''Nuevos Rusos'' adinerados ven a los medios como un vehículo para promover sus propias agendas a expensas de los intereses de la sociedad, a fin de hacerse aún más ricos. En efecto, gran parte del caso de TV-6 tuvo que ver con dinero. Quienquiera que obtenga la licencia del canal, que habrá de renovarse a finales de marzo, podrá esperar grandes ingresos por concepto de publicidad, si nombra a administradores profesionales. Este huevo de oro puede haber sido parte de lo que el Kremlin estuvo pensando todo el tiempo en cuanto a la estación.