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El Jano ruso

LONDRES – Rusia muestra dos caras opuestas al mundo: una amenazadora y otra benigna. Ahora las dos se han combinado casi inesperadamente para desalentar una desastrosa intervención militar en Siria de los Estados Unidos y, probablemente, de otras potencias occidentales.

La situación interna rusa sigue siendo lamentable. Con el colapso de la economía planificada en 1991, Rusia se mostró más como un país con un desarrollo insuficiente que uno desarrollado, incapaz de vender gran parte de sus productos en mercados no cautivos.

Así pues, Rusia retrocedió a ser una economía basada en materias primas, que vende principalmente energía, mientras que sus talentosos científicos y técnicos buscaron empleos en el extranjero y su vida intelectual decayó. Rusia también está asolada por la corrupción, lo que ahuyenta la inversión extranjera y cuesta al país miles de millones de dólares cada año.

Esta debilidad subyacente ha estado oculta por altos precios energéticos, que a lo largo de los catorce años de gobierno del presidente Vladimir Putin ha permitido a Rusia combinar las características de una cleptocracia con el crecimiento suficiente del ingreso per cápita para sofocar el disentimiento y crear una clase media obsesionada por las compras. La acumulación de reservas generadas por las industrias del gas y el petróleo se pueden usar para desarrollar la infraestructura tan necesaria. Sin embargo, aunque el Kremlin no se cansa de hablar de diversificación, Rusia sigue siendo una economía que tiene un perfil más latinoamericano que occidental.