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La oportunidad perdida de Rusia con Japón

TOKIO – La visita del presidente Dmitri A. Medvedev a las Islas Kuril, que el Ejército Rojo soviético le quitó a Japón en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, ha demostrado en términos inconfundibles que Rusia no tiene ninguna intención de devolver las islas ricas en minerales. Esta visita no sólo es una oportunidad perdida, dada la necesidad de Rusia de modernizar su economía y la ayuda que Japón podría brindar, sino también un error estratégico grave en vista de las crecientes preocupaciones rusas por las ambiciones de China en Asia, que incluye las provincias siberianas escasamente pobladas de Rusia.

Rusia, sin embargo, recién está empezando a tomar conciencia de que debe ejercer un rol mucho más pro-activo en cuanto a proteger sus intereses de seguridad nacional en la región del Pacífico. El problema es que el interés de Rusia está mal encaminado. Ya que, en coincidencia con los recientes ejercicios navales de China en el Mar Amarillo, las Fuerzas Armadas Rusas llevaron a cabo parte de sus ejercicios “Vostok 2010” (que involucraron a 1.500 tropas) en Etorofu, la isla más grande entre los Territorios del Norte de Japón ocupados por los rusos. Todo el ejercicio Vostok 2010 implicó la participación de más de 20.000 tropas.

La ocupación ilegal por parte de Rusia de las Islas Kuril del sur comenzó el 18 de agosto de 1945, tres días después de que Japón aceptara la Declaración Potsdam (que proclamó los términos definitorios para la rendición japonesa), que pusieron fin a la Guerra del Pacífico. El Ejército Rojo de Stalin, no obstante, invadió y lleva ocupadas desde entonces las Islas Chishima, Karafuto del Sur (o Sakhalin del Sur) y las islas de Etorofu, Kunashiri, Shikotan y Habomai –que nunca habían pertenecido al Imperio Ruso o a la Unión Soviética en ningún momento de la historia.

De hecho, la Cámara Baja de la Duma (Parlamento) de Rusia sancionó una resolución a principios de este año que designa el 2 de septiembre como el aniversario del “verdadero” fin de la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndolo en un día para conmemorar la victoria de la Unión Soviética sobre Japón –y en consecuencia un intento por minar el reclamo japonés de que la ocupación de las islas se produjo después del fin de la Segunda Guerra Mundial.