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La inevitable democratización de Rusia

MOSCÚ - Hace veinte años, el presidente soviético Mijaíl Gorbachov renunció, la Unión Soviética llegó a su fin y Rusia comenzó una transición imperfecta al capitalismo democrático, transición que ha demostrado ser mucho más difícil de lo esperado. Y sin embargo, las recientes protestas -en cierto modo similares a las que precedieron al fin de la Unión Soviética- sientan las bases para un cauto optimismo sobre el futuro.

¿Qué lecciones podemos aprender de los éxitos y fracasos de las últimas dos décadas de transición post-soviética en Rusia? ¿Y de lo que viene?

La primera lección es que la competencia del mercado, las políticas macroeconómicas responsables y la empresa privada por lo general funcionan. Las reformas del mercado terminaron por generar tasas de crecimiento históricamente altas. Si bien los precios de las materias primas jugaron un papel, las empresas privatizadas y las empresas nuevas representaron la parte de más rápido crecimiento de la economía de la Rusia post-comunista, y el gobierno jugó un papel importante al asegurar la estabilidad macroeconómica, mantener un presupuesto equilibrado, y usar los ingresos del petróleo para crear importantes reservas de divisas extranjeras.

En segundo lugar, una economía de mercado necesita instituciones políticas y jurídicas sólidas para proteger los derechos de propiedad y competencia. Estas instituciones son difíciles de construir desde cero, y hacerlo no es meramente una tarea tecnocrática, sino que requiere un cambio político.