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La incompetente guerra de Rusia contra el terror

En respuesta a la reciente ola de ataques terroristas, Vladimir Putin ha pedido que se le conceda aún más poder. Como destacado experto militar ruso que es, Alexander Golts sostiene que el problema en Rusia no es una falta de poder central, sino un poder ejercido incompetentemente y sin iniciativa individual.

La matanza por parte de terroristas de centenares de niños rusos en Beslan fue la prueba final -si es que hacía falta alguna más- de la absoluta incompetencia del ejército y los servicios de seguridad de Rusia. En Beslan, hombres de cuatro ministerios, vestidos con traje de camuflaje, se agitaron inútilmente, sin un dirigente ni objetivos claros, con lo que perdieron unos minutos preciosos, cuando estalló la violencia. Entretanto, Nikolai Patrushev, director del Servicio Federal de Seguridad (FSB, el antiguo KGB), y Rashid Nurgaliev, ministro del Interior de Rusia (MVD), ambos enviados a Beslan por el Presidente Vladimir Putin, estuvieron invisibles, mientras se desarrollaba la tragedia.

De modo que una vez más los rusos han de afrontar la ineficacia de su ejército. De hecho, ninguna de las estructuras de poder de Rusia, incluidos el ejército, el FSB y el MVD están en condiciones de llevar a cabo operaciones antiterroristas eficaces.

La mayoría de los rusos llegaron a esa conclusión mucho antes del ataque de Beslan. En 2002, después de que los terroristas retuvieran como rehenes a 800 personas que asistían a una función teatral, Putin ordenó que se añadiera un componente antiterrorista al plan estratégico militar. Algunos analistas militares lo consideraron el comienzo, por fin, de unas reformas serias, pues el ejército sólo estaba en condiciones de ejecutar operaciones militares de la forma rusa tradicional, es decir, utilizando una fuerza abrumadora, como en la segunda guerra mundial.