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La cultura rusa del desprecio

Una vez más, todos se preguntan hacia dónde va Rusia. El juicio de Mikhail Khodorkovsky y la posible quiebra de su compañía Yukos, la más grande del país, han generado protestas en el sentido de que el presidente Putin está llevando a Rusia de regreso a los aciagos días de la dictadura. Pero al evaluar el rumbo de Rusia, los análisis políticos y económicos no son de gran ayuda. Lo que está determinando el destino del país es su cultura social.

En efecto, el sistema político ruso no es lo que impide que el país avance, y nunca lo ha sido. Ya sea que los rusos vivan bajo la monarquía, el comunismo, la economía de mercado salvaje de Yeltsin o la supuesta dictadura de la ley de Putin, el resultado es siempre el mismo: el sistema desprecia a sus ciudadanos, lo que provoca una reacción igual y en sentido inverso de desdén y desconfianza.

El capitalismo ruso odia al consumidor en la misma medida que lo hacía el comunismo. Los rusos, ya sean servidores o solicitantes de servicios están convencidos de que van a salir timados y de que se les va a tratar mal, así que se arman de indiferencia.

Ni el sistema ni la gente tienen la culpa de ello. Esta situación surge en parte del hecho de que la rusa es una cultura de "imitación". Los primeros gobernantes del país fueron príncipes nórdicos alrededor del año 860. Se les invitó para que pusieran orden en el país -parece que desde entonces los rusos no confiaban en sí mismos para gobernarse eficazmente.