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El plan “Petróleo por Conocimientos” de Rusia

Siempre que se llena el depósito de gasolina de un coche pequeño europeo o de un 4 x 4 americano, se paga la misma cantidad que gana al mes un maestro de escuela ruso y, siempre que así se hace, se subvenciona un régimen que depende de la energía, no de la información, como su producto principal. Se financia la premodernidad y la ineficiencia y tal vez algo peor: cada vez que se paga, puede que se colabore con la maldad política.

Rusia ha comenzado 2006, el año en que presidirá el G-8, lanzando una guerra del gas contra Ucrania. Como cuenta prácticamente con el monopolio del suministro, Rusia pensó que podía imponer los precios, pero Ucrania tiene prácticamente el monopolio de la distribución, por lo que Rusia tuvo que ceder en ese empate en cuanto se desplomó el suministro de gas a la Europa occidental.

Las economías modernas no dependen de monopolios, sino de la competencia. Los rusos contemporáneos consumen productos competitivos: cereales Nestlé, automóviles Mercedes, películas de Hollywood. El problema es que no los fabrican.

Los rusos pagan por ese consumo con los ingresos obtenidos por el gas y el petróleo. Empresas estatales y multinacionales privadas hacen perforaciones y obtienen combustible en Rusia y lo venden a Europa y a Norteamérica. El gobierno redistribuye los beneficios parcialmente recaudando impuestos y pagando salarios. Los precios del gas están aumentando y también los salarios rusos. Así se produce inflación, porque, aparte del combustible, los rusos producen poca cosa más. Para evitar la inflación, el gobierno deposita gran parte de sus beneficios en un Fondo de Estabilización.