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La nueva prudencia de Putin

WASHINGTON, DC – Este año Rusia ha tenido la economía con peor desempeño del G20: sufrió una contracción del 3,8 % según la última estimación del Fondo Monetario Internacional y, fácilmente, podría haberle ido peor. El presidente Vladimir Putin afirma que hay continuidad en sus políticas económicas pero, de hecho, ha cambiado sabiamente de rumbo, limitando el daño que hubiera ocurrido de lo contrario.

A fines de 2014 Rusia fue presa del pánico financiero. El Banco Central de Rusia (BCR) respondió al colapso de los precios del petróleo con la flotación del rublo, que inmediatamente perdió la mitad de su valor. Los rusos se lanzaron desesperadamente a comprar lo que pudieron antes de que su dinero perdiese todo su valor. La inflación se disparó al 16 %.

La receta de Putin —ofrecida durante su conferencia de prensa anual televisada en diciembre pasado— no fue tranquilizadora: «Usaremos las medidas que aplicamos, con mucho éxito, en 2008». Se refería a la respuesta rusa a la crisis financiera, cuando implementó el mayor estímulo fiscal del G20: de al menos el 10 % de su PBI. El resultado: el PBI cayó el 7,8 %, la mayor baja en el G20. En pocas palabras, Putin proponía reiterar una política fallida.

Afortunadamente para Rusia, no llevó a cabo su promesa. En 2008-2009, el BCR implementó una política de devaluación gradual y rescató a todas las grandes corporaciones estatales y privadas, independientemente de su desempeño. Esta vez Rusia mantuvo sus un tipo de cambio flotante y conservó sus reservas. El BCR estabilizó el mercado con una fuerte alza repentina de su tasa de interés y desde entonces ha estado reduciéndola gradualmente, como lo haría cualquier banco central competente.