2

La guerra del Kremlin contra el liberalismo

MOSCÚ – Tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, se lanzó la llamada “Guerra contra el terrorismo”. Las invasiones a Afganistán e Irak lideradas por el ejército estadounidense no fueron su única expresión: muchos países elevaron el monitoreo y el control de sus medios de comunicación y ciudadanos, aduciendo que había que limitar la libertad y la capacidad de expresión para proteger la seguridad.

El daño ha sido particularmente evidente en Rusia, donde a menudo se han usado las normas antiterroristas como herramienta para acallar las voces que ofrecen visiones independientes o alternativas, en particular aquellas que son críticas al gobierno del Presidente Vladimir Putin. Al usar la seguridad como pretexto para burlar las leyes rusas sobre medios de comunicación, que explícitamente protegen a los periodistas ante la censura, el gobierno ha socavado gravemente el ejercicio de esta profesión.

Son normas basadas en la legislación europea e internacional que representaron una victoria de la democracia en Rusia, pero cuya integridad se ha visto progresivamente desgastada tanto por las enmiendas que limitan la libertad de expresión de los periodistas y su capacidad de ejercer la profesión sin impedimentos como por la aplicación desigual de las normas existentes.

Piénsese en la “ley para contrarrestar las actividades extremistas”, que restringe los derechos de libertad de expresión, reunión y asociación, promulgada en 2012 en medio de las protestas surgidas en todo el país contra las elecciones amañadas y se ha utilizado principalmente en contra de periodistas y blogueros.