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El sueño americano de Roman Polanski

NUEVA YORK – ¿Qué propósito cumple Suiza al encarcelar al renombrado director cinematográfico Roman Polanski por una orden judicial que data de hace 30 años? Arrestado en 1977 por la supuesta violación de una niña de 13 años en Los Ángeles, Polanski se declaró culpable del delito menor de tener sexo ilegal con una menor. Convencido de que su juez, el difunto Laurence J. Rittenband, no mantendría su promesa de dejarlo salir en libertad después de cumplir 42 días de arresto en una prisión de California, el director huyó de Estados Unidos en 1978 antes de que se anunciara su sentencia final.

Desde entonces, la víctima del delito sexual de Polanski, Samantha Geimer, públicamente lo perdonó, y expresó su deseo de que se retiraran los cargos. De manera que la razón para proseguir con el caso ahora no puede tener nada que ver con los derechos o sentimientos de la víctima. Tampoco es probable que Polanski, casado y padre de dos hijos sin ningún otro registro criminal, repita sus delitos.

De manera que no es útil para el bien de la sociedad obligarlo a regresar a Los Ángeles para un juicio. El sentido común parecería llevarnos a una única conclusión, que su arresto -en un país que está obligado por tratado a extraditar a los fugitivos de la justicia norteamericana- no cumple ningún objetivo.

Sin embargo, las reacciones a su triste situación, especialmente en Francia, han sido extrañamente estridentes. El ministro de Relaciones Exteriores francés, Bernard Kouchner, calificó al arresto de Polanski de "siniestro". Fréderic Mitterand, el ministro de Cultura, habló de "un Estados Unidos tenebroso que acaba de mostrar su cara". El ex ministro de Cultura Jack Lang dijo que el "sistema norteamericano de justicia se había vuelto loco". Y agregó que era como "una máquina infernal" que avanza "a ciegas".