0

Diplomacia sin escrúpulos

NUEVA DELHI – “Inteligencias tan excelentes” colmadas de “ideas tan malas”. Así fue como Daniel Patrick Moynihan, ex senador de los Estados Unidos y tal vez la inteligencia más aguda dedicada a la política de los Estados Unidos después de la segunda guerra mundial, describió en cierta ocasión a la India, donde fue embajador de los EE.UU. en el decenio de 1970. Esa ingeniosa descripción de mi país es también una forma muy válida de describir el actual –y aparentemente inacabable– conflicto entre los dirigentes del Irán y de los EE.UU.

Cuando comienza una nueva ronda de negociaciones con el Irán –en las que la primera en intervenir será la Alta Representante de la Unión Europea, Catherine Ashton–, resulta urgente encontrar una forma de liberar las relaciones Irán-EE.UU de unos antecedentes tan cargados. En los dos países, un recelo profundo y mutuamente paralizante ha envenenado las relaciones durante tres decenios. En semejante atmósfera, las negociaciones están casi fatalmente condenadas al fracaso.

Los Estados Unidos sólo aceptan el régimen actual del Irán a regañadientes. Los dirigentes iraníes demonizan a los EE.UU., como si los millones de muertos habidos en el decenio de 1980 con la guerra entre el Irán y el Iraq (en la que los EE.UU. respaldaron al ejército invasor de Sadam Husein) se remontaran al día de ayer. Mientras se permite que esas dos largas sombras persistan, “empezar de cero” unas nuevas relaciones entre los dos países, al modo de las ahora existentes entre los EE.UU y Rusia, será imposible.

La lista de las disputas entre los dos países es casi interminable, pero el plan del Irán de enriquecer uranio prima ahora sobre todo lo demás. Los iraníes insisten en que necesitan la energía nuclear para generar electricidad. Su secretismo revela, según los EE.UU., la intención del régimen de fabricar armas nucleares.