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¿El gas de esquisto al rescate?

LONDRES – El mundo desarrollado está saliendo lentamente de la Gran Recesión, pero en el aire sigue pendiendo una pregunta: ¿cuál será el alcance y el ritmo de la recuperación? Un importante motivo del pesimismo ha sido la idea de que nos estamos quedando sin oportunidades de inversión, incluso desde antes de la crisis de 2008. ¿Es verdad?

La última gran fuente de innovación fue la revolución de Internet, cuyos productos se volvieron disponibles masivamente en los años 90. Tras el colapso de las puntocom a principios de la década del 2000, las economías occidentales fueron creciendo gracias a la especulación en bienes raíces y activos financieros, la que fue posible por el bajo precio del dinero. La caída posterior al 2008 simplemente puso en evidencia la falta de solidez de ese boom; si se piensa fríamente, la mediocridad de la recuperación refleja la mediocridad de las perspectivas previas. Ahora el riesgo es que ese pico de activos generado a punta de endeudamiento no haga más que perpetuar el ciclo de auges y caídas.

El economista Larry Summers ha vuelto a introducir el término “estancamiento permanente” para describir lo que nos espera. En una conferencia reciente del Fondo Monetario Internacional, planteó que a mediados de la década del 2000 el rendimiento previsto promedio de las nuevas inversiones en Estados Unidos había caído por debajo de cualquier reducción de la tasa de interés de referencia que la Reserva Federal pudiera aplicar de manera factible.

Y eso sigue siendo cierto hoy en día. Es posible que nos encontremos en una trampa de liquidez permanente en que las tasas de interés nominales no pueden ser inferiores a cero, pero la tasa esperada de rendimiento de la inversión sigue siendo negativa. Las políticas monetarias poco convencionales, como la flexibilización cuantitativa, pueden inflar una nueva generación de burbujas de activos, pero no se habrá resuelto el problema subyacente (los rendimientos negativos de las nuevas inversiones) para el momento en que ocurra la siguiente crisis.