El próximo incendio financiero

NEW HAVEN – Si algo hemos aprendido desde que la crisis llegó a su punto más álgido en 2008 es que evitar otra situación similar es más difícil de lo que la mayoría de la gente previó. La prevención eficaz de las crisis no solo requiere una revisión de nuestras instituciones financieras mediante la aplicación creativa de los principios de las buenas finanzas; también exige que los políticos y sus electores entiendan esos principios.

En la actualidad, desafortunadamente, esa comprensión está ausente; las soluciones son demasiado técnicas para la mayoría de las noticias orientadas al público en general. Si bien la gente adora escuchar cómo se «pone freno» o «castiga» a los líderes financieros, su entusiasmo es mucho menor sobre los pedidos a esas mismas personas para que amplíen o mejoren la gestión del riesgo financiero. Pero, como se han desarrollado grupos de intereses especiales alrededor de las instituciones y prácticas existentes, básicamente tenemos que soportarlas, con ajustes mínimos.

La crisis financiera, aún en curso, fue resultado en gran medida de la bonanza y el desplome de los precios de la vivienda que la precedieron en varios años (los precios de la vivienda alcanzaron sus valores máximos en Estados Unidos en 2006). Durante la bonanza previa a la crisis se alentó a quienes deseaban comprar viviendas a endeudarse fuertemente para financiar inversiones no diversificadas en una única vivienda, mientras los gobiernos proporcionaban garantías a los inversores hipotecarios. En EE. UU. esto tuvo lugar a través de garantías implícitas sobre los activos por la Administración Federal de la Vivienda (FHA) y las agencias hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac.

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