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El canto seductor de la autonomía estratégica

BRUSELAS – Durante más de un año, la guerra proteccionista contra China que libra el presidente de Estados Unidos Donald Trump – así como el uso más extenso que Trump hace de los aranceles de importación con el propósito de avanzar en objetivos geopolíticos – ha estado exacerbando la ansiedad acerca del futuro del comercio mundial. Sin embargo, los aranceles son sólo la punta del iceberg del nacionalismo económico. Si el mundo no navega con cuidado, peligros ocultos podrían hundir el sistema de comercio mundial.

Estados Unidos no ha encontrado países que sigan sus pasos respecto a su uso agresivo de los aranceles. En los países en desarrollo, existe poca presión para implementar medidas similares, debido a que muchas empresas manufacturan en todo el mundo, e incluso este es el caso para aquellas empresas que no dependen de las cadenas de suministro mundiales. Y, en las economías desarrolladas, los principales sectores que en el pasado enfrentaron dificultades para hacer frente a la competencia de importaciones, como por ejemplo las industrias de la confección y el acero, en su mayoría hasta ahora ya se han adaptado y ya no juegan un papel importante. Esto explica por qué los líderes empresariales estadounidenses se opusieron en gran medida a los aranceles de Trump. Por lo tanto, parece poco probable que el uso de los aranceles se extienda más allá de la disputa entre Estados Unidos y China.

A pesar de involucrar a las dos economías más grandes del mundo, la guerra arancelaria parece estar disminuyendo. Incluso Trump, quien se autodenominó “el hombre de los aranceles” está comenzando a reconocer los límites de este instrumento de política. Un creciente conjunto de pruebas muestra que, de manera contraria a las expectativas de la mayoría de los economistas, las empresas chinas han aumentado sus precios pari passu con los aranceles, negando cualquier beneficio que Estados Unidos pudiera obtener al exprimir más aranceles de sus proveedores.

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