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La cosecha de seguridad de Egipto

LONDRES – “Los egipcios me han hecho un pedido” declaró el general Abdelfatah Al-Sisi, presidente de Egipto, en 2013. Apenas tres semanas después de llevar a cabo el golpe militar más brutal de la historia de Egipto, quería que "todos los egipcios honorables y decentes" salieran a las calles a marchar por los militares, otorgándole así a él y su ejército "el mandato y la orden de luchar contra la posible violencia y el terrorismo". Decenas de miles de egipcios respondieron a su llamado. Sin embargo, tres años después, la violencia y el terrorismo que Sisi se comprometió a evitar continúan siendo una poderosa realidad.

De hecho, los propios militares han estado entre los principales autores e instigadores de la violencia. Su declaración de liderazgo incluyó medidas enérgicas contra todos quienes protestaron contra el derrocamiento del primer presidente resultante de elecciones libres en Egipto, Mohamed Morsi. La ofensiva culminó el 14 de agosto de 2013 cuando los militares tomaron por asalto las sentadas en las plazas de Rabaa en El Cairo y al-Nahda en Guiza, y llevaron a cabo lo que Human Rights Watch llamó la "peor matanza masiva ilegal en la historia moderna de Egipto" y "un probable crimen contra la humanidad”. Más de 1000 manifestantes murieron en menos de 10 horas. El Centro de Derechos Sociales y Económicos de Egipto registró 932 cuerpos completamente documentados, 294 cuerpos parcialmente documentados y 29 cuerpos indocumentados, entre los que se contaban 17 mujeres y 30 adolescentes.

Aleppo

A World Besieged

From Aleppo and North Korea to the European Commission and the Federal Reserve, the global order's fracture points continue to deepen. Nina Khrushcheva, Stephen Roach, Nasser Saidi, and other Project Syndicate contributors assess the most important risks.

El mensaje fue claro: quienes detentaban el poder estaban a todas luces convencidos de que erradicar a sus opositores era una estrategia mejor que la de incluirlos. Los activistas políticos jóvenes que deseaban un cambio rápido se dieron cuenta de que las elecciones, las huelgas y las sentadas no cambiarían un régimen corrupto... y bien podrían tener como resultado sus muertes.

No sorprende que el golpe y la ofensiva subsiguiente hacia los oponentes hayan llevado a una intensificación de la sublevación que existía desde hacía tiempo. Casi inmediatamente, en respuesta a una ya intranquila Sinaí del Norte, las brigadas de elite del Segundo y Tercer Ejército, con apoyo de la fuerza aérea, lanzaron la operación "Tormenta del Desierto" para aplastar la creciente rebelión. Después, el vocero militar declaró que 78 "terroristas" habían muerto y 207 habían sido arrestados, poniendo realmente fin al terrorismo en Sinaí.

Pero los insurgentes parecían estar más motivados que nunca. Unos pocos meses después, insurgentes de Sinaí derribaron un helicóptero Mi-17 del Segundo Ejército, en una muestra de capacidad militar sin precedentes. Para noviembre de 2014, los rebeldes locales juraban su lealtad al llamado Estado Islámico (ISIS), otro evento inaudito. (Nunca antes una organización yihadista de Egipto había ofrecido su lealtad a una entidad extranjera).

Como otros grupos afiliados a ISIS, la llamada Provincia de Sinaí (PS) publica sus indicadores e informes militares tanto mensual como anualmente. Esos datos señalan que el año pasado la PS mató aproximadamente a 800 soldados y 130 civiles (supuestos informantes o colaboradores). También afirma haber capturado morteros pesados, dos cañones antiaéreos automáticos ZU-23, cinco ametralladoras pesadas DshK y docenas de rifles de asalto AK.

En octubre de 2015, los agentes de la PS infiltraron el aeropuerto de Sharm el-Sheij y colocaron una bomba en un Airbus ruso, asesinando a las 224 personas que estaban a bordo, entre pasajeros y tripulación. Fue la peor operación terrorista en la historia de Egipto y Rusia. En los dos primeros meses de este año, PS informó que destruyó 25 vehículos acorazados (incluidos tanques, dragaminas y topadoras) y abatió a 100 soldados (los militares reconocieron 37).

Claramente, la violencia y el terrorismo crecen con fuerza, a pesar de la promesa de Sisi. Y, aunque la sublevación se limitó en gran medida a la periferia de Egipto, principalmente en el noreste de Sinaí y partes del Desierto Occidental, con ataques ocasionales en el valle del Nilo, también apareció en el Cairo. Recientemente, terroristas armados atacaron un minibús de seguridad encubierto en el suburbio Helwan de El Cairo en mayo, mataron a los ocho agentes de seguridad armados que viajaban en él y desaparecieron en la jungla de cemento de la clase trabajadora.

Mientras tanto, los moderados relativos que siguen comprometidos para protestar contra las políticas oficiales por medios democráticos con marginados y ridiculizados. Un ejemplo destacado es Essam Derbala, director del Consejo Consultivo del Grupo Islámico (GI), una organización posyidahista que dirigió una campaña de terror a principios de la década de 1990, antes de abandonar la violencia política en 1997 y dedicarse a la política tradicional.

Entre 2002 y 2009, Derbala y otros líderes del GI produjeron unos 30 libros para combatir la ideología de al-Qaeda. Después de que ISIS anunciara su intención de declarar una “provincia” en el Alto Egipto en abril de 2015, Derbala recorrió los bastiones del GI en el Alto Egipto dictando conferencias públicas para contrarrestar la ideología de ISIS. Unos pocos meses más tarde fue arrestado y murió en prisión. Entre los últimos mensajes que envió a sus partidarios estuvo el de "no darse por vencidos en la lucha a favor de la democracia y la resistencia pacífica".

La muerte de Derbala reforzó la opinión de que en el Egipto actual, una postura relativamente moderada no logra nada, una perspectiva que promueve la radicalización. Consideremos a Ahmed El-Darawy, un expolicía y activista por la democracia que gozaba de la simpatía del pueblo y se presentó a las primeras elecciones parlamentarias libres y justas en 2012. Después de la masacre de la plaza Rabaa, sin embargo, se unió a ISIS, bajo cuya bandera murió finalmente.

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Una de las principales motivaciones del golpe de 2013 fue la de contrarrestar la posible violencia y el terrorismo. Sin embargo, uno de sus principales resultados fue que la violencia y el terrorismo aumentaron, tanto por parte de los actores estatales como de los no estatales (sin señales de que la intensidad de los enfrentamientos vaya a reducirse y menos aún de una reconciliación).

Traducción al español por Leopoldo Gurman.