8

El insostenible absurdo de Río

NUEVA YORK – Si George Orwell viviera hoy, se sentiría irritado y después escandalizado por el cinismo con el que cada uno de los grupos de presión con dinero para tirar ha hecho suya la expresión “desarrollo sostenible”. En realidad, la Conferencia Río+20 de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible versa sobre los proyectos favoritos de propios y extraños, muchos de ellos tangenciales a las más importantes cuestiones medioambientales, como, por ejemplo, el cambio climático, que fueron el legado principal de la Cumbre de la Tierra original de Río.

Así, la Organización Internacional del Trabajo y los grupos de presión sindicales se las han arreglado para incluir el de “Puestos de trabajo decorosos” entre los siete sectores prioritarios de la Conferencia de Río. A mí me encantaría que todo el mundo y en todas partes tuviera un puesto de trabajo decoroso, pero, ¿qué tiene eso que ver con el medio ambiente o la “sostenibilidad”?

Nadie debería fingir que podemos ofrecer por arte de magia puestos de trabajo decorosos al enorme número de trabajadores empobrecidos, pero con esperanzas,  del sector no estructurado. Sólo se pueden crear semejantes puestos de trabajo adoptando políticas económicas apropiadas. De hecho, la tarea en verdad apremiante que afrontan muchas economías en desarrollo es la de aplicar políticas que fomenten las oportunidades económicas acelerando el crecimiento.

El asunto de la semana en Río es la “indización de la sostenibilidad” para las grandes empresas, a modo de responsabilidad social empresarial. Se está comparando semejante indización con las normas contables, pero éstas son “técnicas” y mejoran con la normalización; aquélla no lo es y debe, al contrario, reflejar la diversidad.