0

¿Derechos para los robots?

PRINCETON y VARSOVIA – El mes pasado, Gecko Systems anunció que había estado realizando pruebas de su "robot de tareas domésticas y compañero personal plenamente autónomo", también conocido como "cuidabot" (carebot, en inglés), diseñado para ayudar a la gente mayor o a la gente discapacitada a vivir de manera independiente. Una mujer con una pérdida de memoria de corto plazo se echó a reír, informó la compañía, cuando el robot le preguntó "¿Le gustaría un pote de helado?" La mujer respondió "sí" y supuestamente el robot hizo el resto.

Los robots ya realizan muchas funciones, desde fabricar autos hasta desactivar bombas -o, más amenazante aún, disparar misiles-. Los niños y los adultos juegan con robots de juguete, mientras que robots-aspiradoras chupan el polvo en una cantidad cada vez mayor de hogares y -como se puede ver en videos de YouTube- entretienen gatos. Existe incluso una Copa Mundial de Robots, aunque, a juzgar por el nivel del evento realizado en Graz, Austria, el verano (boreal) pasado, los futbolistas no tienen por qué sentirse amenazados por el momento. (El ajedrez, por supuesto, es otro tema).

Chicago Pollution

Climate Change in the Trumpocene Age

Bo Lidegaard argues that the US president-elect’s ability to derail global progress toward a green economy is more limited than many believe.

La mayoría de los robots que se están desarrollando para un uso hogareño son funcionales en diseño -el robot de Gecko System se parece bastante al robot R2-D2 de Star Wars- . Honda y Sony están diseñando robots que se parecen más al "androide" C-3PO de la misma película. Aunque ya existen algunos robots con cuerpos maleables y flexibles, caras y expresiones de tipo humano y un gran repertorio de movimientos. Hanson Robotics tiene un modelo de demostración llamado Albert, cuyo rostro se asemeja asombrosamente al de Albert Einstein.

¿Pronto nos acostumbraremos a tener robots humanoides dando vueltas por la casa? Noel Sharkey, profesor de inteligencia artificial y robótica en la Universidad de Sheffield, predijo que los padres ocupados empezarán a utilizar robots como niñeras. ¿Qué efecto tendrá en un niño, se pregunta, pasar mucho tiempo con una máquina que no puede expresar empatía, comprensión o compasión genuinas? Uno podría también preguntarse por qué deberíamos desarrollar robots que consumen mucha energía para trabajar en una de las pocas áreas -el cuidado de niños o personas mayores- en las que gente con escasa educación puede encontrar empleo.

En su libro Love and Sex with Robots ( Amor y sexo con robots ), David Levy va un poco más allá y sugiere que nos enamoraremos de robots cálidos y cariñosos, y que hasta tendremos sexo con ellos. (Si el robot tiene múltiples parejas sexuales, sólo se le remueven las partes relevantes, se las sumerge en desinfectante y, ya está, no hay riesgo de enfermedades de transmisión sexual). Ahora bien, ¿cuál será el efecto de la presencia de un "sexbot" en el hogar marital? ¿Cómo nos sentiremos si nuestra pareja empieza a pasar demasiado tiempo con un amante robótico inagotable?

Una pregunta más fatídica es familiar a partir de las novelas y las películas: ¿tendremos que defender a nuestra civilización de máquinas inteligentes de nuestra propia creación? Algunos consideran inevitable el desarrollo de inteligencia artificial sobrehumana, y esperan que esto no suceda más allá del 2070. Se refieren a ese momento como "la singularidad", y lo ven como un acontecimiento que cambiará al mundo.

Eliezer Yudkowsky, uno de los fundadores del Instituto de la Singularidad para la Inteligencia Artificial, cree que la singularidad conducirá a una "explosión de inteligencia" ya que máquinas súper inteligentes diseñarán máquinas aún más inteligentes, proceso que se repetirá generación tras generación. La más precavida Asociación para el Avance de la Inteligencia Artificial ha organizado un panel especial para estudiar lo que llama "el potencial de una pérdida de control humano de las inteligencias basadas en la computación".

Si esto sucede, el interrogante crucial para el futuro de la civilización es el siguiente: ¿las computadoras súper inteligentes serán amigables? ¿Es hora de empezar a pensar en qué pasos tomar para impedir que nuestras propias creaciones se vuelvan hostiles con nosotros?

Por el momento, una preocupación más realista no es que los robots nos hagan daño a nosotros, sino que nosotros les hagamos daño a ellos. Actualmente, los robots son simples objetos de propiedad. ¿Pero qué pasa si se vuelven suficientemente complejos como para tener sentimientos? Después de todo, ¿qué es el cerebro humano si no una máquina muy compleja?

Si las máquinas pueden volverse conscientes y efectivamente lo hacen, ¿tendremos en cuenta sus sentimientos? La historia de nuestras relaciones con los únicos seres no humanos sensibles con los que nos hemos topado hasta el momento -los animales- no da crédito para confiar en que reconoceríamos a los robots sensibles no sólo como objetos de propiedad, sino como seres con un estatus moral e intereses que merecen consideración.

El cientista cognitivo Steve Torrance señaló que las nuevas tecnologías poderosas, como los autos, las computadoras y los teléfonos, tienden a propagarse rápidamente, de manera incontrolada. El desarrollo de un robot consciente que no sea ampliamente percibido como un miembro de nuestra comunidad moral podría conducir por ende a un maltrato en gran escala.

Fake news or real views Learn More

El interrogante difícil, por supuesto, es cómo podríamos determinar que un robot era realmente consciente y no estaba simplemente diseñado para imitar la conciencia. Entender cómo había sido programado el robot nos brindaría una pista -¿los diseñadores escribieron el código para ofrecer sólo la apariencia de conciencia?- Si fuera así, no tendríamos ningún motivo para creer que el robot era consciente.

Pero si el robot fue diseñado para tener capacidades de tipo humanas que podrían incidentalmente dar lugar a una conciencia, tendríamos un buen motivo para pensar que realmente era consciente. En ese punto, comenzaría el movimiento por los derechos de los robots.