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El mito de la especialización

CAMBRIDGE – Algunas ideas resultan intuitivas. Otras parecen tan obvias una vez que se las expresa, que es difícil negar su veracidad. Son poderosas, porque muchas de sus implicaciones no son obvias. Nos brindan un punto de vista diferente desde el cual mirar al mundo y decidir cómo actuar sobre él.

Una de esas ideas es que las ciudades, las regiones y los países deben especializarse. Como no pueden ser buenos en todo, deben concentrarse en lo que son mejores, esto es, en sus ventajas comparativas. Deben hacer muy bien unas pocas cosas e intercambiarlas por otras que son producidas mejor en otros lugares, aprovechando así los beneficios del comercio.

Pero, así como algunas ideas son intuitivas u obvias, también pueden ser incorrectas y peligrosas. Como ocurre a menudo, no es lo que no sabemos, sino lo que erróneamente creemos que sabemos, lo que nos perjudica. La idea de que las ciudades y los países en realidad se especializan, y que por lo tanto deben especializarse, es una de esas ideas muy equivocadas y peligrosas.

Cuando una idea es intuitivamente cierta pero falsa en la realidad, a menudo se debe a que es cierta a un nivel, pero no al nivel al cual se la aplica. Es cierto, la gente se especializa, y debe hacerlo. Todos nos beneficiamos cuando nos tornamos mejores en cosas distintas que los demás e intercambiamos nuestro conocimiento con ellos. No es eficiente que la misma persona sea, por ejemplo, dentista y abogado.