Premiar la esperanza

PARIS – Al otorgarle su premio de la Paz 2009 a Barack Obama, el Comité Nobel asumió un gran riesgo. Aún si se puede definir obviamente a Obama como un pacifista, el presidente de Estados Unidos lidera el ejército más poderoso del mundo, un ejército que sigue librando una guerra en Afganistán e Irak. A simple vista, entonces, la elección no parece obvia.

Algunos observadores de todo el mundo criticaron al Comité Nobel por premiar sólo la retórica elevada cuando le otorgó a Obama el galardón de la paz este año. Creo que estas críticas son perversas e inapropiadas -y, por ende, peligrosas-. Ya que consisten en condenar la esperanza como nada más que palabras efímeras.

Sin embargo, en la política, las palabras pueden ser acciones. El discurso de Obama en El Cairo a principios de este año contribuyó, como mínimo, a un cambio en el clima de la relación entre el mundo musulmán y Estados Unidos. Las palabras que Obama le ha dicho a Irán tal vez todavía no hayan rendido sus frutos, pero las conversaciones con Irán se han reanudado y la Agencia Internacional de Energía Atómica enviará inspectores a las plantas nucleares cerca de Qom que habían sido secretas hasta el mes pasado.

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