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La reanimación de Occidente

LONDRES – En un año de peligros financieros como fue 2008, el mundo se unió para reestructurar el sistema bancario global.

En 2009 mientras el comercio se colapsaba y el desempleo aumentaba drásticamente, el mundo unió fuerzas por primera vez en el G-20 para prevenir que una gran recesión se transformara en una gran depresión.

Ahora, con el desafío de una década de austeridad de bajo crecimiento, sin soluciones nacionales para el desempleo de largo plazo y estándares de vida deteriorados, el mundo necesita unirse en la primera mitad de 2011 para acordar una estrategia económica y financiera de prosperidad, que sea mucho más audaz que el Plan Marshall de los años cuarenta.

A Occidente no le queda mucho tiempo porque tanto en Europa como los Estados Unidos tiene que darse cuenta de que la crisis de años recientes –empezando por la crisis de hipotecas de alto riesgo, pasando por el colapso de Lehman Brothers hasta la austeridad griega y el riesgo de quiebra de Irlanda- son síntomas de un problema más profundo: el mundo está experimentando una reestructuración del poder económico que es de largo alcance, irreversible y sin duda, sin precedentes.