Margaret Scott

Una Europa de la solidaridad y no sólo de la disciplina

BERLÍN – Originalmente, la Unión Europea era lo que los psicólogos llaman un “objeto fantasmático”, un objetivo deseable que inspira la imaginación de las personas. Yo la consideré la encarnación de una sociedad abierta: una asociación de Estados-nación que cedieron parte de su soberanía por el bien común y constituyeron una unión que no estaba dominada por una nación o nacionalidad.

Sin embargo, la crisis del euro ha convertido la Unión Europea en algo radicalmente diferente. Ahora los países miembros están divididos en dos clases –acreedores y deudores– y los primeros son los que mandan. Alemania, como el país mayor y más solvente que es, ocupa una posición dominante. Los países deudores pagan primas de riesgo cuantiosas para financiar su deuda, lo que se refleja en los elevados costos de endeudamiento de su economía en general. Así han acabado entrando en una barrena deflacionaria y padecen una grave –y potencialmente permanente– desventaja competitiva respecto de los países acreedores.

Ese resultado no refleja un plan deliberado, sino una serie de errores de las políticas aplicadas. Alemania no pretendía ocupar una posición dominante en Europa y se muestra reacia a aceptar las obligaciones y responsabilidades que dicha posición entraña. Podemos llamarlo la tragedia de la Unión Europea.

To continue reading, please log in or enter your email address.

To continue reading, please log in or register now. After entering your email, you'll have access to two free articles every month. For unlimited access to Project Syndicate, subscribe now.

required

By proceeding, you are agreeing to our Terms and Conditions.

Log in

http://prosyn.org/3XeE8pO/es;

Handpicked to read next

Cookies and Privacy

We use cookies to improve your experience on our website. To find out more, read our updated cookie policy and privacy policy.