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Redefiniendo el Proceso de Paz

WASHINGTON, D.C.: Según muchas de las historias originadas en Sharm el-Sheikh la cumbre del Medio Oriente, realizada después de un apresurado acuerdo, fue un éxito. La realidad, sin embargo, es más complicada y más cruda.

Sí, israelís y palestinos acordaron realizar declaraciones públicas llamando a un cese a la violencia. Y sí, también acordaron tomar medidas para reducir la posibilidad de llegar a un verdadero conflicto bélico. Pero la realidad es menos reconfortante. El presidente Clinton anunció el acuerdo; el Primer Ministro israelí, Ehud Barak, y el líder palestino, Yasser Arafat, no firmaron nada. Además, ya los hemos visto asegurar cosas de este tipo y luego reanudar la violencia. Esto podría suceder fácilmente de nuevo.

Pero lo más importante es que lo único que el presidente Clinton pudo decir acerca del futuro de la diplomacia en el Medio Oriente es que los Estados Unidos consultarán a ambos partidos para definir cuál será el siguiente paso. Pero, sin duda, es más fácil pensar en dar un paso adelante que de hecho darlo. Considerando la forma en la que ha evolucionado en las últimas tres décadas, es posible que el proceso de paz en el Medio Oriente haya llegado a su fin. Irónicamente, esto se da sólo meses después de haber realizado el único intento para en verdad resolver el conflicto entre Palestina e Israel.

¿Cómo es que la situación llegó a este punto? Algunos señalan a Ariel Sharon, citando la provocativa visita que hizo al área del Monte del Templo de la antigua ciudad en Jerusalén. Pero resulta más verosímil pensar que la mayor parte de la responsabilidad recae sobre Yasser Arafat, quien rechazó una generosa oferta israelí cuando estuvieron en el Campo David. Después, no bastándole con el daño logrado, asumió una actitud insultante al no hacer todo lo posible para reducir la violencia que siguió a la visita de Sharon y al liberar a más de cien terroristas que se encontraban en prisiones palestinas.