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Replantearnos la lucha contra el VIH

COPENHAGUE - Hace treinta años, el mundo tuvo su primer indicio de una catástrofe inminente, cuando cinco hombres jóvenes gay en Los Ángeles murieron por la enfermedad que se llegó a conocer como el VIH/SIDA. Hoy en día tiene un impacto verdaderamente global, cobrándose 1,8 millones de vidas al año, el equivalente de acabar con la población de Washington, DC, tres veces al año.

Por supuesto, ha habido notables avances científicos desde 1981. Los científicos descubrieron que un retrovirus previamente desconocido era la causa del SIDA y que se transmite principalmente por contacto sexual. Crearon pruebas que pueden determinar si una persona posee o no el VIH y medir el grado de avance de la enfermedad. De igual manera, diseñaron medicamentos antirretrovirales que han hecho posible que la infección por VIH se convierta en una condición crónica de supervivencia.

Junto a estos avances, las autoridades de gobierno, los defensores de los derechos humanos y las personas que viven con VIH/SIDA han luchado intensamente para reducir el estigma y la discriminación. Y se ha invertido una cantidad sin precedentes de fondos en tratamiento y prevención del VIH. En 2008, el total de recursos para programas de VIH en países de bajos y medianos ingresos fue, increíblemente, 50 veces el nivel de apenas 12 años antes.

Sin embargo, a pesar de estos importantes avances el número de víctimas del VIH/SIDA sigue siendo inmenso. Cada año ocurren 2,4 millones de nuevas infecciones y los 34 millones de personas que viven con el VIH / SIDA necesitan tratamiento para mantenerse con vida. Existe la percepción generalizada en los países desarrollados de que ya se ha ganado la batalla. En realidad, la crisis se ha limitado a ser menos visible.