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Restablecer el orden fiscal en Estados Unidos

STANFORD – En los últimos años, el gobierno de Estados Unidos ha tomado varias medidas esenciales en materia de política económica. La reforma impositiva incluida en la Ley de Recortes Fiscales y Empleos de 2017 (TCJA por su sigla en inglés), el reciente tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), la “fase uno” del acuerdo comercial de China y Estados Unidos y las recientes reformas regulatorias son absolutamente necesarios para revivir y fortalecer el crecimiento económico. Hoy llegó la hora de tomar otra medida esencial: corregir la trayectoria de la política fiscal.

La proyección de referencia actual de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) del gasto del gobierno federal en los próximos años supera con creces el ingreso del gobierno federal, como claramente demuestra el gráfico más abajo. El resultado es una explosión del déficit presupuestario federal, lo que llevará la deuda federal como porcentaje del PIB al 144% en 2049, según la referencia de la OPC, y probablemente al 219% proyectado en el escenario fiscal alternativo de la OPC. Estos niveles de deuda no tienen precedentes en la historia de Estados Unidos.

Contrariamente a los períodos previos cuando el déficit caía después de disparadas similares, las proyecciones actuales de la OPC no muestran una reversión de este tipo. El gran déficit irá en detrimento de importantes programas federales, incluida la inversión necesaria en infraestructura, así como la inversión privada que hace falta para el crecimiento económico. El servicio de la deuda representará un porcentaje cada vez mayor del gasto y los altos niveles de deuda probablemente harán subir las tasas de interés más de lo que supone la OPC, lo que derivará en una espiral de deuda económicamente peligrosa.

No tiene por qué ser así. El gráfico también demuestra un objetivo sensato para el gasto como porcentaje del PIB, estableciendo un camino hacia la consolidación fiscal. Esta meta se mueve muy gradualmente –sólo 0,1 punto porcentual por año-, reduciendo el porcentaje del gasto federal del PIB de 20,7% a 19,5%.

Este camino gradual no es una señal significativa de “austeridad”. El gasto federal crecería a una tasa ligeramente inferior que la tasa de crecimiento del PIB, lo que llevaría a menores déficits con el tiempo. Si resultara creíble, el plan no tendría ningún efecto negativo de la demanda en el PIB. Según la investigación de la OPC que mencioné cuando presté testimonio ante la Comisión de Presupuesto de la Cámara Baja en noviembre, esta meta llevaría a un mayor crecimiento del PIB y a un mayor ingreso por persona, en contraste con las actuales proyecciones de la OPC de la explosión de los déficits.

Pero alcanzar esta meta implica que el porcentaje del gasto futuro en el PIB sería sustancialmente más bajo que lo proyectado por la OPC según la política actual. Como explica John Cogan en su reciente libro The High Cost of Good Intentions(El alto costo de las buenas intenciones), los caminos de consolidación como éste requieren reformas que impulsen la eficiencia de los programas del gobierno –como mantener el crecimiento del gasto en Seguridad Social por persona en línea con la inflación.

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Take Survey

[Gráfico 1]

Algunos economistas –como Jason Furman de la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard- han defendido otro tipo de reforma fiscal, que aumentaría la magnitud de los estabilizadores automáticos. No estoy de acuerdo. Efectivamente, existen buenas razones para que el déficit federal aumente automáticamente durante las crisis económicas y caiga durante las épocas de auge. Estos movimientos tienden a estabilizar la economía, y ocurren automáticamente como resultado de programas como la compensación por desempleo y un sistema fiscal progresivo.

Pero los estabilizadores automáticos han venido funcionando bien durante muchos años. Las estimaciones de regresión demuestran que su volumen reciente ha sido más o menos el mismo que en los últimos cincuenta años. En tanto el PIB real cae en relación a su potencial (es decir, en tanto aumenta la brecha de producción), el crecimiento del gasto aumenta y el crecimiento del ingreso fiscal decae, lo que resulta en un déficit cíclico mayor. De 2000 a 2018, la brecha de producción representó el 38% del componente cíclico del déficit, más o menos similar al 36% en las cinco décadas transcurridas entre 1969 y 2018, en base a datos del informe del 28 de enero de 2019 de la OFC sobre los estabilizadores automáticos. Esta relación se puede ver en el gráfico de dispersión más abajo, que muestra el déficit cíclico y la brecha del PIB durante 1969-2018. Los puntos están dispersos en torno a una línea recta con una inclinación de 0,36.

Una razón que se suele dar para justificar el fortalecimiento de los estabilizadores automáticos es que la política monetaria ya no sirve de mucho porque está restringida por el límite cero de las tasas de interés. Pero es mejor reparar la política monetaria utilizando reglas, inclusive reglas para un preanuncio monetario, que cambiar el componente de estabilizadores automáticos de la política fiscal cuando el problema reside en otra parte.

[Gráfico 2]

El presupuesto federal actual está muy desfasado y tiene que ser reformado. El problema es que se proyecta que el gasto crecerá demasiado rápido en relación a los ingresos, no que el déficit responda con demasiada moderación a los altibajos de la economía. La reforma sugerida aquí se centraría en el problema con una consolidación fiscal muy gradual, lo que haría que el proceso de las políticas fuera más permanente, extensivo y predecible. Más importante, aceleraría el crecimiento del PIB y crearía al mismo tiempo una economía más resiliente.

https://prosyn.org/B28CHRaes;
  1. asoros3_Emanuele CremaschiGetty Images_italycoronavirusnurse Emanuele Cremaschi/Getty Images

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