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Para restablecer el crecimiento europeo

NUEVA YORK – La crisis de la deuda soberana de Europa se ha prolongado tanto, que algunos están empezando a dar por sentado que los dirigentes de la zona del euro pueden ir dando tumbos de una solución inválida a otra sin riesgo de cataclismo, pero, si cualquiera de las economías de la Europa meridional con problemas no consigue renovar su deuda en los próximos meses, el contagio resultante se extenderá rápidamente de la zona del euro a todo el sistema financiero mundial, con consecuencias mucho más graves que las posteriores al desplome de Lehman Brothers en septiembre de 2008.

Pese al nuevo acuerdo alcanzado en la cumbre de la Unión Europea celebrada en diciembre, el de fortalecer la confianza de los mercados financieros en la zona del euro sigue siendo un objetivo esquivo. Inmediatamente después de la cumbre, el tipo de cambio del euro cayó hasta su nivel más bajo del año (en torno a 1,30 dólares), mientras que la rentabilidad de los bonos italianos a cinco años alcanzó un nuevo nivel máximo (casi el 6,5 por ciento). En Francia, el candidato socialista a las elecciones presidenciales, François Hollande, declaró rotundamente que el último acuerdo “no es la respuesta adecuada”, porque “sin crecimiento económico no alcanzaremos ninguna de las metas de reducción del déficit”.

Hollande estaba en lo cierto. Desde que la crisis estalló en Grecia hace casi dos años, los dirigentes de la UE no han propuesto una solución que equilibre la austeridad con el crecimiento económico. Siempre que los mercados indican escepticismo sobre la viabilidad del euro, los dirigentes europeos se apresuran a restablecer la confianza mediante medidas de austeridad, al tiempo que pasan por alto la necesidad subyacente de restablecer las condiciones para el crecimiento. Lo urgente expulsa lo simplemente importante, pero sin crecimiento las perspectivas de la UE a largo plazo son sombrías.

Desde que comenzó la crisis, se ha dicho que el problema de los países de Europa abrumados por la deuda es la necesidad de crecimiento económico. Para los acreedores, en particular los dirigentes alemanes, la prioridad principal ha sido la de imponer austeridad y disciplina al derrochador sur de la zona del euro. Como los bancos alemanes son los titulares de gran parte de la deuda contraída por los bancos y gobiernos periféricos, las autoridades se han centrado en ese vínculo financiero entre la economía de Alemania y las de los miembros de la zona del euro con problemas, pero el comprensible deseo de la Canciller alemana, Ángela Merkel, de disciplinar a los despilfarradores equivale a aserrar la última rama restante a la que están encaramados los banqueros y contribuyentes de Alemania.